Demencia, formas sencillas de evitarla
- Escrito por Redacción
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Si alguna vez te ha preocupado tu memoria o has visto a un ser querido enfrentar un deterioro cognitivo, no eres la única persona. Es cierto que el envejecimiento es uno de los principales factores de riesgo para desarrollar demencia, pero está lejos de ser la única causa.
De hecho, las investigaciones más recientes muestran que hasta el 45% del riesgo de demencia podría reducirse mediante cambios en el estilo de vida. Esto significa que, aunque no podemos controlar la edad ni la genética, sí podemos influir en muchos factores de riesgo modificables.
“Muchos de los factores de riesgo de la demencia son aspectos que podemos vigilar y modificar”, señala el Dr. Juan B. Toledo Atucha, neurólogo del Hospital Houston Methodist. “Los efectos de estos hábitos se acumulan a lo largo de la vida, por lo que mientras antes empecemos, mayor será el impacto que podremos generar”.
¿Qué es la demencia? Muchas personas piensan que la demencia es una sola enfermedad. En realidad, se trata de un conjunto de síntomas relacionados con el deterioro cognitivo, entre ellos pérdida de memoria, alteraciones del lenguaje, cambios de comportamiento y dificultades para pensar o tomar decisiones.
“Más de la mitad de las personas que mueren con algún tipo de demencia presentan al menos tres condiciones distintas relacionadas con el deterioro cognitivo”, señala el Dr. Toledo. “No se trata de un único problema, sino de múltiples enfermedades que provocan estos síntomas”.
La enfermedad de Alzheimer es la forma más común de demencia, seguida de la demencia vascular y la demencia por cuerpos de Lewy. La mayoría de los trastornos cognitivos son progresivos, lo que significa que los síntomas empeoran con el tiempo.
Sin embargo, conforme se entiende mejor la evolución de estas enfermedades, los investigadores están encontrando nuevas formas de identificarlas e, incluso, de ralentizarlas en etapas más tempranas que nunca.
“Ahora podemos utilizar biomarcadores específicos capaces de detectar cambios cerebrales entre 10 y 20 años antes de que aparezcan los síntomas”, explica el Dr. Toledo. “Y esto es una buena noticia, porque estos cambios cerebrales ocurren de manera muy lenta. Cuanto más tiempo tardan en desarrollarse, mayor es la ventana de oportunidad que tenemos para intervenir y prevenir o retrasar la aparición de síntomas”.
Factores de riesgo de demencia que no se pueden cambiar. La edad es el principal factor de riesgo conocido para la demencia, y los síntomas suelen aparecer después de los 65 años. En el caso del Alzheimer, por ejemplo, el riesgo prácticamente se duplica cada cinco años después de esa edad. A los 85 años, cerca de una de cada tres personas vive con esta enfermedad.
Los antecedentes familiares también pueden influir en el riesgo de deterioro cognitivo. Menos del 1% de los casos de demencia están relacionados con un solo gen responsable de una enfermedad específica. En la mayoría de los casos, el riesgo aumenta cuando una persona porta múltiples genes asociados con la demencia. Investigaciones recientes también han identificado vínculos entre ciertos cambios genéticos y la ascendencia geográfica.
“En las personas de ascendencia europea, una variante genética llamada APOE-ε4 representa el factor hereditario de riesgo más importante”, explica el Dr. Toledo. “Sin embargo, en personas de ascendencia africana o caribeña, el impacto del gen APOE es menor”.
¿Por qué los factores de riesgo modificables son tan importantes? Décadas de investigación han demostrado que las decisiones relacionadas con el estilo de vida son fundamentales para disminuir el riesgo de demencia. Esto se debe a que una buena alimentación y mantenerse físicamente activo son esenciales para la salud del corazón, los pulmones y los vasos sanguíneos. Cuando estos sistemas funcionan adecuadamente, el cerebro recibe la sangre y el oxígeno que necesita para mantenerse sano y funcionar de manera óptima.
“Sabemos que la hipertensión, los niveles elevados de glucosa y la obesidad están relacionados con el deterioro cognitivo”, señala el Dr. Toledo. “Las recomendaciones más recientes de una comisión internacional sobre factores de riesgo de demencia también añadieron el colesterol LDL elevado a la lista de preocupaciones médicas”.
Actualmente, los neurólogos consideran que los hábitos saludables ayudan al cerebro a desarrollar una especie de “reserva cognitiva”, es decir, una mayor capacidad de resiliencia. La idea es que un cerebro sano y activo puede adaptarse mejor a los cambios provocados por enfermedades neurodegenerativas.
“Los hábitos que desarrollamos desde edades tempranas tienen un efecto acumulativo a lo largo de toda la vida”, explica el Dr. Toledo. “Mientras antes atendamos los factores de riesgo que sí podemos controlar, más tiempo tendrá el cerebro para desarrollar la resiliencia necesaria para enfrentar el deterioro cognitivo”.





