Regulación Sanitaria, luchando contracorriente
- Escrito por Tony De Alba
- Publicado en Opinión
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Abogado y Publicista, Miguel Ortiz, presidente fundador del Instituto Mexicano de Publicidad Médica y Sanitaria A.C.
México es un país de grandes contrastes, como todo el mundo lo sabemos, y también de mucha polarización, que no necesariamente se traduce en violencia, sino simplemente en la expresión de ideas, creencias y pensamientos diferentes. A que voy, hacia la pregunta de si vamos o no por buen camino en el tema de la regulación sanitaria y la posibilidad de que los mexicanos tengan acceso a lo mejor que la ciencia puede ofrecernos en materia de salud.
Me consta que la AMIIF (Asociación Mexicana de Industrias de Investigación Farmacéutica) y con ella varios actores clave de las cámaras legislativas, del gobierno de la CDMX y las propias SecretarÍa de Salud y COFEPRIS, este último como regulador sanitario, se están organizando para agilizar los procesos y que las revisiones no se dupliquen.
Sin embargo, las opiniones de quienes dentro de la industria farmacéutica están encargados de coordinar los tramites de autorización ante COFEPRIS y el Consejo de Salubridad General, suelen ser en el sentido de que México es todavía un país complicado y los tramites siguen siendo engorrosos, no solo en materia de autorización, sino también en materia de publicidad en salud.
Al respecto de la publicidad en salud, donde los productos milagro pueden promoverse abiertamente por lo menos en redes sociales y fácilmente hacen caer a millones de personas a quienes convencen de sus efectos casi casi milagrosos, los medicamentos que salen al mercado después de muchos años de investigación y su efectividad probada, no pueden ser anunciados.
A este respecto, que mejor que acudir a un experto como Miguel Ortiz, especialista en Derecho Sanitario, abogado y licenciado en mercadotecnia de profesión, lo que le da un conocimiento muy extenso en el tema de la publicidad farmacéutica.
Hoy en día, la regla de oro de la publicidad farmacéutica, comenta el también director de Publicidad Médica, es tomar en cuenta que la salud no es un bien de consumo cualquiera y las reglas a seguir se deben dividir en dos grandes ejes, dependiendo de cada producto.
Por un lado, se tiene que cumplir con tramitar un aviso o un permiso de publicidad ante COFEPRIS. Todo anuncio debe ser veraz comparable, no inducir al error y promover un uso racional, y debe llevar, siempre, en un lugar visible, la leyenda “consulte a su médico”; y en caso de que en el anuncio participe un doctor, agregar su cédula profesional y el nombre de la universidad de donde es egresado.
“Las reglas en México no son completamente distintas a las del resto del mundo, pero sí son mucho más estrictas que en países como Estados Unidos o Nueva Zelanda. Por ejemplo, en la Unión Americana existe la llamada publicidad directa al consumidor (DTC), para medicamentos de prescripción y transmiten anuncios de medicamentos controlados por la televisión”, dice el especialista.
“Mientras que, en nuestro país, el artículo 310 de la Ley General de Salud, prohíbe de manera tajante anunciar medicamentos controlados en medios masivos de comunicación y solo pueden promoverse entre los profesionales de la salud y siempre de manera muy cuidadosa”, subrayó.
Miguel Ortiz nos habla también de que México comparte, con la Unión Europea, la idea de proteger al paciente de la desinformación comercial, justo lo que ocurre con los productos milagro. “El objetivo primordial de estos reglamentos en materia de publicidad farmacéutica es proteger la salud pública y evitar la automedicación.
“La publicidad tiene un poder de persuasión enorme y si no hubiera reglas las marcas jugarían con la desesperación, el dolor o la credulidad de los pacientes, para vender más. El objetivo de la autoridad sanitaria (COFEPRIS), no es frenar el comercio, sino garantizar que lo que se promete científicamente, se cumpla en la realidad del paciente”, concluye.
México, una doble realidad.
En México, hace hincapié Ortiz, vivimos una doble realidad. “Por un lado, tenemos a la industria farmacéutica formal, los grandes laboratorios y los hospitales que sí se toman muy en serio el respeto a las reglas; y no solamente porque cuidan su reputación, sino también en gran medida porque se exponen a recibir multas que pueden llegar a superar el millón de pesos
Y, por otro lado, está el sector informal, con clínicas clandestinas o el marketing digital de influencers, donde las reglas se violan sistemáticamente todos los días. Existe la creencia de que, si está en internet, la ley no puede tocarlos, pero la realidad es que finalmente se topan con una suspensión por parte de la autoridad”, menciona.
La Ley General de Salud y sus reglas, no cambiaron de manera significativa con la llegada de Morena, según nos comenta el experto en publicidad en salud, pero si nos dice que lo que cambió fue el enfoque administrativo y de fiscalización, y que durante la dirección de Alejandro Svarch, en COFEPRIS, se implementó la digitalización con el uso de plataformas como Digipris, con la finalidad de agilizar trámites y reducir la corrupción.
Y hubo una postura mucho más agresiva y mediática en la caza de los productos ilegales a los que esa administración rebautizó como “productos engaño”.
Toda esta regulación nace del artículo 4º de la Constitución Mexicana que consagra el derecho a la protección de la salud. De allí se desprende la Ley General de Salud en Materia de Publicidad (RLGSMP). “Biblias Legales” en las que se apoyan los abogados como Ortiz y que también manejan los criterios del Consejo Consultivo de Publicidad.
Dentro del marco regulatorio, según nos explica, el control es proporcional al riesgo.
1.-Productos de Prescripción, patente o genérico. Tienen la publicidad más estricta. Está restringida únicamente a médicos y profesionales de la salud.
2.-Medicamentos de Libre Venta (OTC). Si pueden anunciarse ante el público en general, en televisión, redes sociales y otros medios, pero requieren un permiso de publicidad riguroso.
3.-Productos Milagro. Son productos alimenticios o cosméticos disfrazados como productos que curan y a los que la ley prohíbe por atribuirles propiedades terapéuticas o curativas. No se regulan igual porque, legalmente, ni siquiera son medicamentos.
Miguel Ortiz, abogado especialista en publicidad en salud, termina esta breve charla diciendo: “Regular internet es como querer tapar el sol con un dedo. La autoridad sanitaria, en conjunto con la policía cibernética, monitorean constantemente y emite alertas sanitarias. El problema es que bajan una página hoy y mañana ya están abiertas otras tres.
“Por eso ahora, gran parte de la responsabilidad recae en las políticas internas de plataformas como Meta, Google y TikTok, por ello, es imprescindible educar continuamente al consumidor”.
Los seres humanos queremos la solución inmediata a todos nuestros problemas de salud y por ello pecamos de ingenuos y de eso se aprovechan los brujos y chamanes que todo lo curan con sus mágicos productos, o por lo menos eso nos hacen creer en sus plataformas digitales y lo malo es… que siempre caemos.
El autor (a) es periodista especializada en temas de Salud Pública. correo: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
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