Lunes 11 Mayo 2026

Por salud, el consumo es tu responsabilidad

Destacado Por salud, el consumo es tu responsabilidad

En distintos espacios sociales y culturales, el alcohol ha sido un código social incuestionado; acompaña celebraciones, facilita la convivencia y marca rituales colectivos. Hoy, ese lugar privilegiado empieza a revisarse. No desde la prohibición, sino desde una conversación más amplia sobre bienestar, salud y nuevas formas de socializar.

Lejos de ser un producto uniforme, el alcohol que consumimos —ya sea una cerveza, un vino o un destilado— es el resultado de siglos de evolución cultural y bioquímica. Su variedad no solo impacta el paladar, sino también la salud, el comportamiento y el bienestar colectivo. Desde los primeros fermentados espontáneos hasta las complejas bebidas destiladas actuales, su diversidad responde a múltiples factores, tales como los ingredientes disponibles, los métodos de elaboración y las tradiciones de cada cultura.

La fermentación fue, en sus orígenes, una forma de conservar alimentos y asegurar inocuidad microbiológica. A partir de frutas, mieles o cereales, los humanos aprendieron a transformar azúcares simples y polisacáridos —como el almidón o las agavinas— en bebidas fermentadas. Más adelante, algunas culturas incorporaron la destilación, aumentando la graduación alcohólica y dando lugar a nuevos tipos de bebidas.

Por esto, a lo largo de la historia, los fermentados, como la cerveza, han sido una opción segura para hidratarse en contextos donde el agua no era potable. Por ejemplo, el bajo contenido alcohólico de la cerveza, combinado con sus propiedades antimicrobianas, la convirtió en la bebida preferida de marineros y poblaciones urbanas antes del desarrollo de la sanidad moderna. Incluso hay quien sostiene que su consumo ayudó a frenar el alcoholismo en algunas ciudades europeas.

Pero ¿por qué importa la diferencia entre bebidas?

Las bebidas fermentadas como la cerveza o el vino contienen entre 4% y 14% de alcohol etílico, mientras que las destiladas suelen oscilar entre 35% y 40%. Esta diferencia no solo altera el efecto embriagante, también cambia la forma en que las personas las disfrutan. La cerveza, por ejemplo, puede contener más de 700 compuestos aromáticos y sensoriales que favorecen el maridaje con alimentos y un consumo más pausado.

En algunos estudios, el consumo moderado de cerveza se ha asociado con nutrientes como vitaminas del complejo B, minerales y antioxidantes, además de posibles efectos cardioprotectores —siempre en contextos moderados y responsables—.

Lo que dicen los datos más recientes en México

La más reciente Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (ENCODAT 2025) —el diagnóstico más completo del país en casi una década— ofrece cifras que deben abrir un diálogo informado:

  • Casi 7 de cada 10 personas en México han consumido alcohol alguna vez: el 73.7% de la población entre 12 y 65 años reporta haber probado alcohol, una cifra superior al 71% de años anteriores.  
  • Las mujeres están bebiendo más: el porcentaje de mujeres que alguna vez han consumido alcohol pasó del 62.6% (2016) a 69.3% en 2025.  
  • Adolescentes beben menos con menos episodios de consumo excesivo: entre quienes tienen de 12 a 17 años, el consumo en el último año bajó a 17.8%, y las borracheras frecuentes se redujeron al 2.6%.  
  • Aun así, la edad de inicio en algunas mediciones es de llamar la atención y un factor con el que debemos luchar para evitar la dependencia y otras consecuencias a largo plazo.  

Este panorama muestra una realidad con señales positivas, donde el consumo por menores debe mantenerse en el foco de las intervenciones, considerando que existe una disminución en el consumo por parte de esta población, y mantener la acción podría lograr que aumente esta tendencia.

Más que números: cultura y decisiones personales

Entender la diversidad de las bebidas alcohólicas no es un ejercicio académico, es una invitación a tomar decisiones más conscientes. El tipo de bebida, su contenido de alcohol y la forma en que la consumimos pueden influir directamente en nuestra salud física, emocional y social.

Más allá de tendencias o retos puntuales, revisar nuestros hábitos, informarnos mejor y abrir la conversación sobre cómo consumimos alcohol es una oportunidad permanente.

Las bebidas alcohólicas no son todas iguales. Conocer su origen, composición y contexto permite entender mejor sus efectos y promover un consumo más informado y consciente.

El autor es Alianza Mexicana por un Consumo Moderado,

Modificado por última vez enMiércoles, 04 Febrero 2026 18:22

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