Domingo 15 Febrero 2026

Osteoartrosis, nueva evidencia

Destacado Dr. Víctor Mauricio Axotla Bahena. Dr. Víctor Mauricio Axotla Bahena.

La osteoartrosis (OA) representa la enfermedad articular degenerativa más prevalente a nivel global, con una incidencia muy alta en la población adulta mayor. Estudios clínicos sugieren una correlación directa entre las bajas temperaturas y la exacerbación sintomática, manifestada principalmente como un aumento en la rigidez y dolor articular, comprometiendo severamente la calidad de vida y la funcionalidad del paciente.

La osteoartrosis (OA) se define como una patología articular crónica caracterizada por el deterioro progresivo del cartílago, lo que resulta en dolor, limitación funcional y, en última instancia, discapacidad. Su impacto trasciende el ámbito médico individual, constituyéndose como una carga socioeconómica sustancial para los sistemas de salud a nivel mundial.

La comprensión de esta enfermedad requiere un enfoque multifactorial, que no solo abarque el deterioro biológico interno, sino también la interacción dinámica con el entorno externo, destacando la influencia documentada de las variaciones climáticas, especialmente las bajas temperaturas, en la modulación de los síntomas.

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Dentro de su alcance epidemiológico, la OA se erige como una enfermedad silenciosa, se estima que más del 30% de los individuos mayores de 65 años conviven con esta condición. La prevalencia demuestra una marcada varianza por sexo, con una mayor incidencia en mujeres posmenopáusicas, vinculada a la fluctuación hormonal que afecta la homeostasis del cartílago.

Factores de riesgo bien establecidos, como la obesidad (que incrementa la carga mecánica en articulaciones de soporte, como la rodilla y cadera) y el historial de lesiones articulares traumáticas, magnifican la probabilidad de desarrollo y progresión de la enfermedad.

Los mecanismos que causan la OA involucraron una combinación de factores. A nivel biológico, el desgaste del cartílago se produce por un desequilibrio entre la degradación y la formación de nuevo cartílago. Los factores genéticos también juegan un papel importante; algunas personas pueden heredar una predisposición a desarrollar OA.

Por otro lado, factores ambientales como la obesidad, la falta de actividad física y las lesiones anteriores en las articulaciones pueden contribuir al desarrollo de la enfermedad.

En la OA, se producen cambios estructurales en las articulaciones. El cartílago, que actúa como un amortiguador, se desgasta, lo que lleva a que los huesos rocen entre sí, causando dolor y rigidez.

Además, el líquido sinovial, que lubrica las articulaciones, puede verse afectado, reduciendo su efectividad. También se desencadena un proceso inflamatorio que puede empeorar los síntomas. Esta inflamación no solo causa dolor, sino que también puede deteriorar la función articular, dificultando actividades cotidianas.

La intensificación del dolor y la rigidez reportada en climas fríos tiene bases fisiológicas específicas. La exposición a bajas temperaturas provoca vasoconstricción periférica, lo que potencialmente reduce el flujo sanguíneo (y, por ende, el aporte de oxígeno y nutrientes) a la cápsula articular y las estructuras periarticulares. Esta hipoperfusión podría elevar la sensibilidad nociceptiva.

Además, el frío puede modificar la viscosidad del líquido sinovial (haciéndolo más espeso), lo que aumenta la resistencia al movimiento y, consecuentemente, la sensación de rigidez matutina o tras períodos de inactividad. El factor conductual también es relevante: el incremento del sedentarismo invernal agrava la atrofia muscular y el dolor percibido.

El manejo exitoso de la OA requiere un plan terapéutico multifacético y personalizado, con un fuerte énfasis en las intervenciones conservadoras. El paracetamol (acetaminofén) se mantiene como la primera línea para el control del dolor leve a moderado.

Los Antiinflamatorios No Esteroideos (AINEs) se reservan para períodos de exacerbación sintomática, dada su efectividad en reducir la inflamación, siempre bajo estricta vigilancia por el riesgo de efectos adversos gastrointestinales y cardiovasculares.

La suplementación con glucosamina y condroitina sigue siendo un área de debate. Si bien la evidencia de ensayos controlados es mixta, algunos subgrupos de pacientes reportan alivio sintomático, sugiriendo un potencial nicho terapéutico.

La fisioterapia es crucial. Los programas deben enfocarse en el fortalecimiento muscular periarticular (especialmente cuádriceps en OA de rodilla) para mejorar la estabilidad y absorber cargas. Las técnicas de terapia manual y las modalidades físicas (como el calor superficial) son efectivas para reducir el espasmo muscular asociado y mejorar el rango de movimiento.

Educar a los pacientes sobre su condición es fundamental. Saber más sobre la OA permite a los individuos adoptar un enfoque proactivo hacia su salud. El autocuidado, como mantener un peso saludable y realizar ejercicios, puede hacer una gran diferencia en la gestión de los síntomas.

Mantenerse activo es crucial. El ejercicio moderado, como caminar, nadar o andar en bicicleta, puede mejorar la fortaleza muscular y la flexibilidad, reduciendo la rigidez articular.

Incorporar alimentos antiinflamatorios, como pescado rico en omega-3, frutas y verduras, puede ayudar a controlar la inflamación. Además, mantener un peso saludable es vital, ya que el exceso de peso aumenta la presión sobre las articulaciones.

Adoptar buenas posturas y técnicas de levantamiento puede prevenir lesiones y minimizar el dolor. Esto incluye sentarse y levantarse de manera adecuada y utilizar mobiliario adaptado, si es necesario.

A manera de conclusión, la osteoartrosis es un desafío clínico que requiere una comprensión clara de sus múltiples factores desencadenantes y agravantes, siendo el clima frío un modulador significativo de la sintomatología dolorosa.

La adopción de un protocolo de manejo interdisciplinario —que combine la farmacología de precisión, la rehabilitación funcional activa y un compromiso riguroso con los ajustes de estilo de vida— es la vía más efectiva para preservar la función articular, mitigar el dolor y garantizar una óptima calidad de vida a esta creciente población de pacientes.

El autor es director del Instituto de la Rodilla, Cadera y Columna (INROCA).

Modificado por última vez enLunes, 08 Diciembre 2025 18:24

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